El sueño de una noche de casi verano

Sin que sirva de precedente (o quizás sí) y aprovechando el cierre de temporada de este blog, he reunido en un solo post las tres partes de que constaba el titulado “Espanya estima Catalunya” (“España quiere a Cataluña”) esta vez traducidas al español para complacer diversas peticiones de más allá del Ebro (y algunas de más acá, por supuesto).

ESPAÑA QUIERE A CATALUÑA

PRIMERA PARTE: EL PLANTEAMIENTO

Vivamente impactado e, incluso, fascinado por la declaración vibrante de Pedro Sánchez durante el reciente congreso del PSOE al proclamar que “España quiere a Cataluña” y que, por tanto, “España no es anticatalana“, y también, imagino, emocionado y estremecido por las palabras del presidente extremeño Guillermo Fernández Vara que ha dicho que hay que “devolverle a Cataluña el Estatuto que fue anulado por el Tribunal Constitucional“, pero no devolvérselo con la idea de que lo usen como papel higiénico , no, devolvérselo para ponerlo en vigor tal cual fue aprobado en referéndum –hostia, referéndum!– por los catalanes en 2006 (después de que, según Alfonso Guerra, se le pasara el cepillo a fondo) porque, continúa Vara, “debemos reconocer que todos estamos ahora gobernados en todas las Comunidades Autónomas por los estatutos que hemos querido, excepto Cataluña, que está regida por un Estatuto que no ha querido“, impactado, como digo por tanta y tan halagadora afección, esta noche pasada he soñado que España quería a Cataluña.

Para ser preciso quisiera explicar, de entrada, que se trata de un sueño en colores pastel y con una banda sonora compuesta y dirigida por Jordi Savall. Intento recordar con un poco de orden lo que he soñado pero las sensaciones se agolpan y confunden y me da miedo que se me precipiten los acontecimientos y no sea capaz de transmitirlas con la fidelidad necesaria. Ha sido todo muy intenso. Emocionante, también diría.

He soñado que, en calidad de periodista en activo, asistía a la inauguración del Corredor del Mediterráneo, pero no dentro de veinte años, no, sino en torno al 1 de octubre, tras el verano. El propio Rajoy presidía el acto, junto a Puigdemont y Junqueras, inseparables, la menuda Soraya, el gran García Albiol, el virrey Millo, Pedro Sánchez, Iceta,¡oh, Susana!, Ada Colau, Pablo Iglesias, Blancanieves, Pulgarcito, los tres cerditos, el perro Snoopy y su secretario Emilio, y Simbad, Ali-baba y Gulliver: “Oh, bienvenidos, pasad, pasad, –cantaban juntos, con las manos entrelazadas y balanceándose al ritmo de la cantinela– de las tristezas haremos humo, que mi casa es vuestra casa si es que hay casas de alguien “. Antes de pasar a la cuchipanda, Mariano Rajoy ha pronunciado un discurso sin papeles y de gran carga política. “Me gustan los catalanes porque Hacen cosas –ha repetido–, pero cosas estupendas y por ello les estaremos eternamente agradecidos“, y también ha trasmitido este mensaje identitario de confraternización: “Los españoles son muy catalanes y mucho españoles y… verbigracia“. Más adelante ha pedido perdón por aquella campaña del PP de recogida de millones de firmas según los organizadores, cien mil según la Guardia Urbana, contra el Estatut: “Fue un gran error y es de nacidos bien españoles reconocerlo. Yo estampé en Cádiz la primera firma contra Cataluña y hoy les pido a los catalanes, humildemente, perdón. Lo siento, no volverá a suceder “. Se ha hecho un silencio –no un minuto, tres segundos– y todos los asistentes han aplaudido como un solo hombre o mujer. Pero aún faltaba por llegar la noticia del día (y, quizás, del año). En tono solemne ha anunciado que “mi Gobierno ha instada al Fiscal General a actuar contra los participantes en la denominada Operación Cataluña, del ex-ministro Fernández Díaz al Pequeño Nicolás, pasando por Eduardo Inda, Daniel de Alfonso y los policías Implicados en la trama. Peti quien peti, como dicen ustedes en su hermosa lengua tavernácula “. Un intenso susurro ha recorrido la estancia y del fondo del salón ha surgido un grito espontáneo: “Sé fuerte, Mariano“, que unos han atribuido a Gabriel Rufián…, y otros no.

A punto de marcharse para conducir ilusionado el tren del Corredor, el del viaje inaugural de Algeciras a Estambul, que permanecía detenido en la vía 3, el presidente español ha confraternizado un buen rato con la prensa catalana bajo la mirada hostil de Paco Marhuenda. Como se trataba de un sueño, me he podido pasear entre los invitados desplegando la antena sin que lo notaran. Así he pillado una conversación entre Alicia Sánchez Camacho y Vicky Álvarez que hablaban de montar un restaurante (me ha parecido oír, pero no estoy seguro). Inés Arrimadas y Jordi Cañas comentaban en catalán el discurso de Rajoy, valorando el éxito de la presión de Ciudadanos –decían Ciutadans– para conseguir que la Fiscalía asumiera el caso de la operación Cataluña. He presenciado como TV3, que daba el acto en directo, entrevistaba a Garcia Albiol quien confesaba ante las cámaras que “lo que más me gusta del President Puigdemont es su cabello y, muy especialmente, su peinado. Le acabo de preguntar por su peluquería. Está en Gerona pero no pasa nada, con el AVE es un momento”.

Antes de partir hacia el tren, los dos presidentes se han saludado con cordialidad.

–A propósito, Carlas, ¿qué pensáis hacer con lo del referéndum?

–No te preocupes, Mariano, vamos a dejarlo para pasado fiestas. Te vienes un fin de semana al Empordán, te traes a la Soraya y nos lo miramos con tranquilidat, ¿oi que me entiendes?

 

SEGUNDA PARTE: EL NUDO

Sueño que, en el viaje de vuelta a Madrid del tren inaugural del Corredor del Mediterráneo, que ahora ya no conduce Mariano Rajoy porque ha preferido volver a pie, en chándal, con ese balanceo tan característico suyo que no queda claro si corre o camina, si va o viene, me doy cuenta que el diario el País publica un editorial, simultáneamente con el Mundo, ABC y la Razón, donde piden con firmeza retornar al punto cero del Estatuto de Cataluña, volver a empezar. Demandan a los diputados de Las Cortes respetar el Estatuto tal como salió del parlamento catalán, sin ni la pasada de cepillo del que en su día se jactó Alfonso Guerra ni la armonización que pactaron en la Moncloa Artur Mas y Rodríguez Zapatero ni el afeitado definitivo del TC. El editorial conjunto exige para Cataluña el Estatuto tal como salió de Miravet, intacto. De paso, el editorial abomina de la actitud cabezona de Alfonso Guerra al pedirle al Gobierno del PP la aplicación del artículo 155 de la Constitución. Se lo echan en cara con palabras duras, recordándole lo del cepillo y tratándole de antidemocrático y catalanofóbico. El artículo en cuestión es inequívoco y contundente en su comprensión del catalanismo. No sé muy bien cómo se las arreglan, pero el editorial mancomunado, en uno de sus párrafos, recomienda que “hay que volver al cava catalán, porque es de justicia rendir homenaje a una de las siete maravillas de la enología mundial, según los expertos“. No me lo puedo creer. Me pellizco para comprobar que no estoy soñando, pero como se trata de un pellizco dentro del sueño ni lo noto y no me despierto. Levanto la vista del periódico, miro por la ventana y veo a Rajoy caminando deprisita seguido de Jorge de Moragas que se esfuerza por mantener este ritmo raro que le imprime el Presidente a sus andares.

Una vez llegados a Madrid, paseo un rato tras salir de la estación de Atocha, hace un calor seco sificante, y sueño que cojo un taxi que me llevará hasta el restaurante Narciso, que lo está petando, donde he quedado para comer con Carlos Herrera y recordar los viejos tiempos, cuando los dos trabajábamos en la SER y comíamos juntos de vez en cuando para reír un poco y hablar en catalán. Yo encontraba muy divertido a Herrera contando anécdotas de sus inicios radiofónicos en Cataluña y de su novia de Mataró de padre convergente que compraba los domingos el tortell, antes del almuerzo. De todo esto hace muchos años, mucho antes de aquel atentado frustrado que intentó ETA con un paquete-bomba.

Como me ha oído hablar por teléfono, el taxista, en el momento de pagar, me dice:

–Perdone caballero, pero me he percatado de que es usted catalán.

–Pues, sí –le respondo con timidez–. Por cierto, ¿qué le debo?

–Quite, quite usted. No me debe nada. Los catalanes lo tienen todo pagado.

Esta no me la esperaba. Se trata de un sueño lo sé, pero ni en sueños me lo puedo imaginar. Es que es muy fuerte… Después de comer con Herrera, que me cuenta que en la COPE se está produciendo un cambio copernicano respecto a Cataluña y a los catalanes, que él siempre había tenido mucha sensibilidad con Cataluña porque formaba parte de sus orígenes y que, como canta Raimon, quien pierde una parte de sus orígenes pierde el carné de identidad, pero que los obispos ya se sabe y que ahora estaban todo el día que si la Moreneta, que si la Sagrada Familia, que si San Jordi es un santo estupendo, pedimos la cuenta que pensamos pagar a medias, a la catalana.

–¡Por Dios! No hay ni cuenta ni cuento. Les he oído hablar en catalán, una lengua que me encanta, por cierto, y los catalanes en mí casa lo tienen todo pagado, faltaría más.

–No sé… –le respondo poco convencido–. Yo sí soy catalán, pero don Carlos solamente es medio catalán.

–Aunque fuera cuarterón. Están invitados. ¿Hace una copita de Aromas de Montserrat?

Por la noche, en el Santiago Bernabeu, donde he ido, soñando, soñando, para ver el partido de vuelta de la Supercopa, cuando al anunciar por megafonía las alineaciones nombran a Piqué, el estadio se viene abajo entre apoteósicos aplausos, y aunque han perdido por un penalti inexistente que se ha inventado el árbitro a favor del Barça, la afición madridista no ha dejado de cantar, toda la noche, con la tonada de “Guantanamera”:

Es una santa

Shakira es una santa

Es una saaaaanta

Shakira es una santa “.

 

TERCERA Y ÚLTIMA PARTE: EL DESENLACE

Al día siguiente, a pesar de las críticas a la actuación arbitral y la denuncia de que el penalti que dio la victoria al equipo catalán no existía, compruebo que tanto As como Marca se rinden definitivamente a la calidad de Messi. “Messi le ha pasado dos pueblos a Ronaldo“, escribe Julián Ruiz por primera vez en sus crónicas. El sueño de esta extraña noche casi de verano continúa; mientras desayuno un pan con tomate con salchichón de Vic en un bar de la Plaza Mayor y una relaxing cup of café con leche, en la tele del fondo tienen puesta la tertulia política de Susanna Griso. Junto al ubicuo Marhuenda están los de la joven generación del pensamiento catalanista: Marta Lasalas, Toni Aira, Jaume Barberà. Hablan del caso Sigena y la opinión del director de La Razón se muestra demoledora: “Santa Rita, Rita, Rita, lo que se da no se quita“. Le echa en cara a la Conselleria de Cultura de la Generalitat haberse acojonado y resignado a devolver lo que exigían desde Aragón. ¡Alucino en cinemascope y technicolor!. “Es que yo soy catalán –remacha Marhuenda– y estas muestras de debilidad me duelen“.

–¿Cómo lo ve? ¿Qué piensa de todo esto?

Nos habíamos citado en el AVE, de regreso de Madrid, para hacerle una entrevista. Insisto en explicar que los muchos recuerdos que tengo del sueño se me agolpan y entremezclan y no puedo poner la mano en el fuego por si habíamos realmente convenido una cita o casualmente hemos coincidido en los asientos. Pido disculpas si no soy lo preciso que desearía, pero se trata de un sueño. Carles Puigdemont me miró con esa expresión tan suya, tan característica.

–Y usted, Casas, ¿qué es lo que piensa?

–Lo que yo piense –respondí con respeto y señorío– no tiene ninguna importancia. Yo no soy presidente de nada, President.

–Usted tiene una edad, ha vivido. Me interesa su punto de vista.

–De acuerdo.

Y entonces le solté todo lo que pensaba, sin dejarme nada en el tintero. Con concisión, con educación, con sinceridad.

–Es una forma de verlo y, probablemente, tiene razón. Pero denos su confianza Casas. En el momento preciso sabremos estar a la altura. Cataluña siempre se ha salido con la suya.

-Hombre, President, siempre, siempre…, que usted es muy joven …

–Y si no, como dijo Companys, volveremos a sufrir, volveremos a luchar volveremos a …

–¡Vencer! –le dije, adelantándome, para demostrar que yo también consultaba a menudo Wikipedia.

De momento hemos conseguido que España nos quiera…

–Sí.

De forma distendida fuimos hablando de todo y de todos. De los acordes de “Let it be” –ahí estuvimos en desacuerdo–, de como él y Junqueras supieron zafarse de la acometida del incisivo y demoledor Vicens Sanchís, una trampa de entrevista, pobres, del peinado de la Rahola…

–A propósito –le dije–, finalmente le dio la dirección de su peluquero a Xavier (Garía Albiol), ¿no?

–Hombre, sí y no. Porque a mí quien en realidad me corta el pelo es mi mujer.

–Pero, ¿qué me dice, President?

-Sí, sí, es que cuando nos casamos en Rumania por el rito ortodoxo, en su ciudad, Iasi, me di cuenta de que todos los hombres llevan este peinado y pensamos que sería un recuerdo permanente de sus orígenes si yo me peinaba como ellos. La Mars es muy rumana .. Y muy catalana, claro.

–¿Así, President, que la dirección que le dio a Xavier (García Albiol)…?

-Huy, lo envié a un callejón enrevesado del Call de Girona, en el que no existe ninguna peluquería sino una sede de la CUP. Fue una broma. Es que en el Parlament nos hacemos muchas bromas… Yo me lo imagino entrando en el local y diciendo “Vengo de parte del President para que me corten…”, ¡no le dejarán ni terminar la frase!

–¡Sí que es de la broma usted, President!

–Mucho, mucho.

–Pero ahora deberíamos hablar seriamente, por favor. Míreme a los ojos… Con la mano en el corazón, contésteme con sinceridad. Piénselo bien antes de responder. President: ¿cree que habrá referéndum?

Carles Puigdemont, de golpe, cambió totalmente la expresión. Se puso la mano izquierda sobre la barbilla y la boca, me miró fijamente y… ¡Mierda! Me desperté.

Àngel Casas

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